Goya y la España de su época

El reinado de Carlos III


Carlos III poseía experiencia de gobierno, gracias a su reinado en Nápoles, y representó el punto más alto del Despotismo ilustrado hispano



Carlos III
en traje de cazador
Carlos III poseía experiencia de gobierno, gracias a su reinado en Nápoles, y representó el punto más alto del Despotismo ilustrado hispano. Una serie de elementos perturbadores, en los que se conjugaron una mala coyuntura económica, alza de precios, tensiones con la alta nobleza, etc, fueron las causas del conocido "motín de Esquilache", en 1766. Superado éste, las reformas, de la mano de Campomanes, Floridablanca y Aranda, se ampliaron a todos los ámbitos de la vida española.

En la política religiosa, el regalismo alcanzó altas cotas. La Iglesia era una de los mayores poderes del reino, y se intentó por todos los medios el nombramiento de jerarquías religiosas afines a las ideas reformistas. A esto acompañó un intento por frenar la intervención romana en la iglesia española, y numerosas intervenciones de la monarquía en cuestiones espirituales. A estas medidas se unieron otras tendentes a la reforma y mejora de la moral, como la supresión de tradiciones supersticiosas, de petición de limosnas, del derecho de asilo... La cuestión más disputada y polémica fue la expulsión de los jesuitas. Esta medida hay que considerarla en el marco de un enfrentamiento entre las clase política llegada al poder con Carlos III, y las poderosas clientelas, surgidas en los colegios de la orden, que acaparaban gran parte del poder administrativo.

Bajo el reinado de Carlos III, el Banco de San Carlos inició la emisión de vales reales (deuda pública), que sirvió para obtener fondos con los que sufragar guerra y construcciones, pero que acabaron fracasando bajo Carlos IV. En el comercio, España importaba a Europa lana, sal, vinos y frutos, importando productos manufacturados, lo que significaba un permanente déficit exterior . La deficiente red de transportes impedía la creación de un mercado interno, por lo que intercambio comercial entre regiones resultaba muy limitado.

La agricultura ofrece un panorama de expansión, por la puesta en cultiva de nuevas tierras, y la introducción o la especialización de nuevos cultivos. Se acometieron nuevas obras hidráulicas, como el Canal Imperial de Aragón.. El aumento de población demandaba un aumento de producción, que repercutía en la elevación de los precios de los productos, lo que daba lugar a carestías y tensiones sociales. La industria se dinamizó muy lentamente. La falta de un comercio interior supuso que sólo determinadas industrias, como las industrias textiles (tejidos de algodón estampado indianas, especialmente en Cataluña), siderúrgica y alimenticia.

La sociedad también fue objeto de intentos de reforma, aunque tímidos y poco significativos. La nobleza mantuvo sus privilegios y siguió en los puestos de control del éjercito y la administración. El poder fue concentrándose progresivamente en menor número de nobles. La alta nobleza se distanció del poder político activo.

El clero también mantuvo sus privilegios. Su número disminuyó lentamente por las medidas limitadoras establecidas por la monarquía, aunque continuaba concentrándose en las zonas más ricas del país. En el aspecto económico, controlaban cerca del 15% del terreno cultivable, y un considerable montante económico, gracias a exenciones, dádivas, etc.

El pueblo llano suponía alrededor del 90% de la población. No era homogéneo, ya que sus niveles económicos, sociales y políticos eran dispares, resultado de las diferencias entre población urbana y rural. La situación de la población agrícola, que suponía el 90%, era muy diversa, dependiendo de las regiones. La población urbana también mostraba marcadas diferencias regionales, junto a las propias derivadas de la ocupación profesional: artesanos, comerciantes, funcionarios, profesiones liberales... Comenzó la notarse la presencia de grupos sociales urbanos de muy bajo nivel de subsistencia, con tendencia a la revuelta y a la protesta.

La América española no resultó ajena al proceso reformista. Las colonias americanas se modernizan de la mano del nuevo pensamiento reformista e ilustrado y del auge económico, originando el pensamiento criollo. Como consecuencia de todo ello, se desarrolla una línea de pensamiento tendente primero a la autonomía y a la independencia de la metrópoli.


Jesús Tramullas





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