ROQUE JOAQUÍN DE ALCUBIERRE

(1702-1780)


Ingeniero militar, excavador de las ciudades sepultadas del Vesubio.



Restos del templo Apolo. (Pompeya).
El Zaragozano Alcubierre estudió en su ciudad natal e ingresó como voluntario en el cuerpo de ingenieros militares, apoyado por el conde de Bureta, desempeñando destinos en Barcelona y Madrid entre otras ciudades; en su carrera militar llegó a mariscal de campo en 1777; antes se adiestró en la construcción de fortificaciones en Gerona, pasando a Italia, donde era capitán en 1738. Cuando levantaba planos y abría zanjas alrededor de una villa del rey Carlos, que luego lo sería de España como tercero de su nombre, descubrió las ruinas de Herculano; porfió, tercamente, para obtener una autorización que le permitiese rebuscar en la ciudad romana y la obtuvo en 1738, aunque sólo con «dos o tres trabajadores» en el pozo Nucerino. Tras de muchas penalidades logró descubrir una estatua de Hércules v el teatro y, más tarde. pinturas murales que actualmente se guardan en el Museo de Nápoles, más de doscientas en un solo ano y muchísimas estatuas, como las dos ecuestres de los Balbos de Cádiz que hoy adornan la entrada del Museo Nacional de la ciudad italiana. Su tenacidad logró vencer, con bastantes penalidades, las enfermedades y las intrigas que provocaron su sustitución en varias ocasiones.

Se buscaba entonces conseguir estatuas y objetos artísticos con que enriquecer las colecciones reales, por medio de métodos que hoy parecen condenables, pero que entonces habían de ser improvisados y renovados en cada momento y ante cada problema. En 1748 comenzó a excavar Pompeya, la ciudad que habría de cambiar el concepto de la arqueología, al presentar el animado cuadro de la vida sorprendida, en un momento, por la erupción del Vesubio; Alcubierre pensó que era Estabía y realizó las excavaciones con doce obreros al mismo tiempo que continuaba con otros tantos en Herculano; de sorpresa en sorpresa halló el primer cadáver de la ciudad devastada y poco después el soberbio anfiteatro, en 1749 el privilegio de Tiberio y más tarde la villa de Asinio Pollio en Sorrento y otras ruinas de Sorrento y Capri, Pozzuoli y Cumas. 1750 es el año del comienzo de sus más duras amarguras, al recibir, siendo teniente coronel, como subalterno, al ingeniero suizo Carlos Weber, quien le atacaría solapadamente; en 1763 descubrió junto a la puerta de Nocera la inscripción que permitió identificar las ruinas de Pompeya. Alcubierre tenaz, serio y autoritario sufrió las intrigas de Weber y de Paderni. del Muse y los efectos de unas injustas cartas de Winckelmann. Sustituido y vejado, murió en Nápoles en 1780 y fue enterrado en el Torreón del Carmen, del que era gobernador. El conde Conti escribió de él: "A pesar de sus errores imputables a su falta de experiencia y de formación arqueológica, sus méritos eran inmensos."; En realidad fue un gran zaragozano, casi desconocido, verdadero descubridor de las ciudades romanas sepultadas por el Vesubio.

Antonio Beltrán Martinez


Publicado en: Beltrán, M. ; Beltrán, A. ; Fatás, G. (dir. y coord.).Aragoneses Ilustres. Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1983. p. 11-12.


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