Aragón bajo los Austrias



En 1410 el rey de Aragón Martín I, cuyo único hijo había muerto un año antes, falleció sin haber dictado testamento. Esto ocasionaba un serio problema sucesorio. En febrero de 1412, tras dos años de incertidumbre, se elaboraron en Alcañiz las normas para la elección del nuevo monarca: nueve personas (tres de cada reino) se reunirían para tomar la decisión; ésta debía ser aprobada por un mínimo de seis votos uno de los cuales, al menos, debía ser de cada uno de los reinos (Aragón, Valencia y Cataluña). La reunión tuvo lugar en Caspe y el 28 de junio de ese mismo año se designó como nuevo rey a Fernando "de Antequera", de la casa de Trastámara, que reinó como Fernando I de Aragón.

Carlos I respetó las instituciones y los privilegios de Aragón, consiguiendo asi un período de paz interior en el reino que le permitió dedicarse a las numerosas campañas militares exteriores, como la guerra con Francia. El 13 de abril de 1526 el virrey, lugarteniente general del rey en Aragón, publicó una provisión por la cual todos los mudéjares del reino (musulmanes aragoneses) debían convertirse o abandonar el territorio en un plazo de once meses.

En 1528 las Cortes de Monzón declararon la conversión oficial de todos los mudéjares, que suponían entre un 15 y un 20% del total de la población. Más tarde, en 1610, éstos serán expulsados por orden de Felipe III.

Felipe II no siguió la política de respeto a la instituciones y privilegios aragoneses. Su afán centralizador y uniformista le ocasiono diversos conflictos en la Corona de Aragón, entre ellos el llamado "pleito del virrey extranjero".

El debate sobre si el virrey de Aragón podía o no ser extranjero había comenzado ya en 1482, cuando Fernando el Católico nombró al catalán Conde de Cartona. Sin embargo, un siglo después, seguía sin existir una normativa al respecto. En 1587 Felipe II decidió zanjar la cuestión intentando que se aprobara en las Cortes que como rey y señor del reino, pudiera nombrar virrey a quien le pareciera oportuno; pero las Cortes no aprobaron esto sino que aplazaron la decisión hasta las siguiente reunión, permitiendo entretanto el nombramiento temporal de un virrey extranjero. Sin embargo el pleito fue siempre aplazado permitiendo así, de hecho, que se cumpliera la voluntad del rey.

En este clima de conflitividad y de tensión entre la autoridad del monarca y las instituciones aragonesas tuvieron lugar las alteraciones de 1591. La represión tras estos conflictos supuso, entre otras cosas, la modificación de los fueros aragoneses (leyes propias de Aragón) según la voluntad del rey.

Felipe III inició un proceso de reconciliación con las instituciones aragonesas. No fueron anuladas la modificaciones a los fueros realizadas en Tarazona, pero el rey concedió perdón general y juró los fueros. Sus sucesores continuaron con esta política y durante el siglo XVII no hubo enfrentamientos entre el reino de Aragón y el monarca. Los aragoneses apoyaron a la política de los diferentes reyes. Así fue, por ejemplo, en el conflicto catalán que tuvo lugar entre 1640 y 1652, cuyo período más conflictivo para Aragón fueron los años 1642 y 1643, cuando los franceses tomaron Monzón y realizaron incursiones en la Ribagorza y las riberas del Matarraña.

Pilar Rivero


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