La pugna entre las Luces
y las Tinieblas

Goya se mostró un decidido partidario de la Ilustración y de la liberalización de la economía y las costumbres



El sueño de la razón produce monstruos

(Caprichos)

Desde finales del siglo XVIII al menos, Goya se muestra un decidido partidario de la Ilustración y de la liberalización de la economía y las costumbres. Don Francisco pinta la revolución intelectual y política que se extiende por Europa como una luz brillante y todo poderosa que va a iluminar el destino de la Humanidad, la evangélica lux ex tenebris (Dibujo C.117). La luz que, por fin, arrojará a los demonios que atenazan la existencia humana a los infiernos de los que nunca debieron salir (Capricho 71). Y que, sin temblarle el pulso (Dibujo C.122), devolverá el trono a sus hermanas: la verdad y la justicia (Dibujo C.118).

El grabado emblemático de su fe en el progreso y la Ilustración es, sin duda, el Capricho 43. En este aguafuerte, un Goya abatido por el sueño contra su pupitre de trabajo aparece rodeado de una nube de aves nocturnas, y afirma: el sueño de la razón produce monstruos. El grabado es una declaración de principios: ya no va a pintar más para la camarilla de políticos indignos y para los poderosos del viejo régimen -representados también por los pajarracos que le tienden los pinceles con los que desarrollar su obra-. Va a tomar los pinceles para apoyar a la burguesía ilustrada y liberal, a la cual le pertenece el futuro de Europa.

Sin embargo, a pesar de sus declaraciones racionalistas, sus propios dibujos y grabados muestran sus dudas más íntimas. Así, en el Capricho 59 lamenta que los fantasmas del pasado aún no se van. En el famoso Capricho 43 resultan ser esas aves nocturnas las mismas que le ofrecen las plumas y pinceles. ¿Que hacer si las mismas tinieblas son fuente de tanta vida a través de sus criaturas: la imaginación, las pasiones y los sueños? Inconscientemente quizás, Goya se nos revela como un clásico: propone el dominio de la razón sobre las tinieblas, pero duda en el fondo de que esas tinieblas puedan desaparece. Incluso parece preguntarse si es deseable que lo hagan totalmente. Más allá de sus ideas políticas, Goya se nos muestra como el profundo observador y conocedor de la naturaleza humana que fue.

Ese clasicismo, que escapa a la candidez y al fanatismo de sus contemporáneos revolucionarios, le lleva a retratar una vez más el eterno combate entre los valores superiores -la razón, la libertad, la verdad o la justicia- y las fuerzas del mal (Dibujo F.45). Cuando esa lucha sorda se convierte en guerra abierta y sangrienta, la primera víctima es la Verdad (DG 79). Pero así como la Verdad, ni ninguna de sus hermanas, alcanza la victoria total, tampoco su derrota es definitiva. La lucha es eterna, cíclica, y Goya irónico nos deja caer: ¿si resucitara? (Desastre 80).

Al final de su vida, Goya nos participa de su último descubrimiento vital. Reconoce que, en realidad, muchos monstruos se han disfrazado con las galas de la libertad, la razón o la justicia. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrata sin piedad a la otrora luminosa señora Razón como una loca que vende los placeres: la sabiduría, el sueño, la alegría y la libertad.


Bibliografía

Alcalá Flecha, Roberto. Literatura e ideología en el arte de Goya. Zaragoza: Diputación General de Aragón, 1988.


Francisco Javier García Marco


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