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La ilustración aragonesa comienza a manifestarse a partir de mediados del XVIII, ampliando su influencia en las dos últimas décadas del siglo. En ella participan tres grupos de protagonistas claramente diferenciados:
- los ilustrados nobles, reticentes con el poder central;
- los ilustrados de clase media, más abiertos a las reformas propuestas por la Corte;
- y un grupo de ilustrados aragoneses afincados en Madrid, donde ejercen puestos destacados en el ámbito político y cultural.
Igual que otros grupos ilustrados, los aragoneses se proponen una serie de objetivos a realizar entre los que destacan:
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- la reforma educativa en los niveles básicos.
- la creación de centros de estudios al margen de la Universidad, para completar la formación en los ámbitos científicos, humanísticos y jurídicos.
- la atención prestada a la sanidad pública (lucha contra las epidemias, análisis de potabilidad, campañas de vacunación, etc).
- la adopción de medidas para mejorar la situación de la población mendicante.
- la promoción de la educación estética según los presupuestos de la época.
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Felix de Azara |
- la modernización de la maquinaria agrícola orientada a la optimización de los recursos.
- y la creación de Sociedades Económicas que promocionaran cambios legislativos en materia económica.
El desarrollo de los proyectos de los ilustrados aragoneses (entre los que merece citarse a José Nicolás de Azara) fue desigual. Se intentó llevarlos a la práctica, fundamentalmente, en la ciudad de Zaragoza y , de forma menos destacada, en otras poblaciones. De todas formas, el impulso de ilustrados aragoneses tan destacados como el conde de Aranda o el mismo Francisco de Goya (situados en Madrid y estimuladores en la distancia de las propuestas de sus paisanos), hizo que fuese progresivamente más profundo el espíritu de reforma.
Texto de: Luis Fernando García Marco
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