Autorretratos

Por orden cronológico

El primer autorretrato conocido de Goya (hoy en una colección particular de Madrid) es de su regreso de Italia. El semblante del pintor, un rostro regordete y enmarcado por larga y suelta melena morena, destaca en un retrato de busto, sobre fondo neutro. Ya en esta obra (h. 1773), parece alcanzar el artista la facultad de trasmitirnos su retrato psicológico de joven rebelde, bohemio (como revelan las largas colas del cabello) y ambicioso. De acuerdo con una larga tradición, pinta su retrato en la Predicación de San Bernardino de Siena (iglesia de San Francisco el Grande, Madrid, 1781-1784), ya citada.

Como Velázquez (en Las Meninas), cuya pintura estudió, admiró y copió al aguafuerte, Goya incluye su figura de pintor en el retrato de la Familia del infante Luis de Borbón(1784; Fundación Magnani-Rocca, Corte di Mamiano, Parma), hermano Carlos III y uno de sus primeros grandes valedores en la Corte. Un año antes Goya se había «introducido» en el retrato del Conde de Floridablanca (Banco de España, Madrid): el artista, de espaldas al espectador, presenta a la aprobación del ministro un cuadro (¿el boceto de la Predicación de San Bernardino de Siena?). En el Museo de Agen (Francia) hay otro autorretrato de medio cuerpo posando ante el lienzo, de igual año, cuando Goya tenía treinta y siete. En el Museum of Fine Arts de Boston hay un dibujo (grafito, h. 1783) que muestra sólo el busto del pintor, tocado con peluca. De hacia 1790-1795 es el pequeño autorretrato de cuerpo entero de la Academia de San Fernando. Va tocado con un raro sombrero que parece le servía de soporte para un círculo de velas con las que alumbrarse y poder hacer su trabajo por las noches.

Hay otros dos retratos en los dibujos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el primero con tricornio, a pluma y tinta sepia (legado Lehman, h. 1785-1795), y el segundo, algo posterior (h. 1800, pincel con aguada gris). En éste Goya mira fijamente al espectador, con el busto apenas esbozado, los cabellos largos y alborotados, anchas patillas que se unen en la barba, en una imagen romántica que recuerda los retratos de su coetáneo Beethoven. Un rostro parecido hay en el óleo diminuto (20 x 14 cm) de la antigua colección Pidal (col. part., Madrid) en el que un Goya con camisa, corbatín y levita muy pulcras, posa ante un gran lienzo (h. 1795-1797).

Entre los dibujos preparatorios de Los Caprichos (editados enm 1799) hay un autorretrato de perfil, en busto (que en el grabado se quedó en busto corto), en el que resaltan la pulcritud de su atuendo, ennoblecido por el uso de un elegante sombrero de copa (sanguina, Metropolitan Museum, Nueva York; al dorso del mismo se conservan dos pequeños estudios del rostro, mirando de frente). Los Comentarios del llamado Manuscrito 3 apostillan: «Verdadero retrato suyo de mal humor y gesto satírico». Otros dos (preliminar 1, preliminar 2) aparecen en los dibujos preparatorios de la estampa 43 El sueño de la razón produce monstruos (Museo del Prado, h. 1797) que el autor pensó durante mucho tiempo fuera el frontispicio de la colección. Goya también aparece junto a una mujer, identificada con la Duquesa de Alba, en el dibujo preliminar (Museo del Prado) de la estampa Sueño de la mentira y la inconstancia (Biblioteca Nacional, Madrid), capricho no integrado en la serie, y del que se destruyó la plancha. Hacia la época de los Caprichos pueden fecharse dos autorretratos de busto corto, ambos con gafas, muy parecidos (Musée Goya, Castres y Musée Bonnat, Bayona, respectivamente).

La familia de Carlos IV (1800-1801, Museo del Prado) es un retrato colectivo de compleja lectura formal e iconológica (véase RETRATOS). La inspiración formal en Las meninas de Velázquez suscita en Goya su inclusión en la representación en igual pose que Velázquez. A los sesenta y nueve años, en 1815, ejecutó el autorretrato donado a la Academia de San Fernando por su hijo Javier; la firma es muy expresiva: Fr. de Goya, aragonés por el mismo; muy parecido al conservado en el Museo del Prado, de similar cronología. En 1820 una grave crisis de su enfermedad lo puso al borde de la muerte. El médico Arrieta le curó y, agradecido, Goya pintó un autorretrato (Minneapolis Institute of Arts, EE. UU.) en el que el enfermo es incorporado del lecho por Arrieta, que le da un vaso de medicina; del fondo obscuro emergen tres personajes femeninos que son otras tantas Pinturas Negras. El cuadro, de complicada perspectiva, en la que se hace de nuevo gala del estudio de Velázquez, es un exvoto civil y laico.

El último autorretrato conocido es un dibujo de 1824 (Museo del Prado), busto corto, de perfil, con gorra que puede recordar al del frontispicio de los Caprichos.

Goya no fue muy retratado en vida. El italiano Gaetano Merchi (1747-1825), hacia 1795, le hizo un busto en bronce (Academia de San Fernando, Madrid) y el pintor de cámara de Fernando VII y sucesor de Goya, Vicente López, lo retrató en Madrid en 1826 (Museo del Prado) en un cuadro modelo para una larga imaginería del pintor aragonés que llega hasta nuestro siglo.


Véanse también:


Ricardo Centellas



Bibliografía

GÁLLEGO, Julián. Autorretratos de Goya. Zaragoza, 1978.

WILSON-BAREAU, Juliet. Goya : La década de los Caprichos : Dibujos y aguafuertes. Madrid, 1992. (Catálogo de la exposición de la Academia de San Fernando).

Autorretrato
Predicación de San Bernardino de Siena
Familia del infante Luis de Borbón (Detalle)
Conde de Floridablanca
Autorretrato en el taller (Detalle)
Autorretrato
Autorretrato con gafas (Musée Goya, Castres)
Autorretrato con gafas (Musée Bonnat, Bayona)
Autorretrato 69 años
Goya curado por el doctor Arrieta


















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